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LOS INSTRUMENTOS MUSICALES
La historia de los instrumentos se remonta a los orígenes del ser humano. El descubrimiento de la voz, de su uso, de su imitación, de la comunicación por medio de señales, son los primeros pasos de una andadura larga e interesante en la que el ingenio y el afán de perfeccionamiento jugaron un papel decisivo. Todas las civilizaciones han hecho uso de la música ejecutada por medio de instrumentos, aplicándola a múltiples finalidades que iban desde elevar espiritualmente al individuo hasta divertirle simplemente. El cruce de culturas, el trasvase de conocimientos entre unos pueblos y otros, trajo como consecuencia la difusión y popularización casi simultánea de muchos de aquellos instrumentos en lugares del planeta muy apartados entre sí.
Hasta la clasificación actual y casi universal que divide los instrumentos en cuatro familias: Aerófonos, Cordáfonos, Idiófonos y Membranófonos, según el órgano que produce el sonido (aire, una cuerda, el propio material del que estén hechos o una membrana), los especialistas trataron de agrupar las piezas según criterios lógicos: instrumentos naturales (voz) y artificiales (todos los demás); dulces y violentos; golpeados, soplados, frotados o raspados, etc. La literatura derivada de todos esos estudios y de los diversos métodos escritos para mejor ejecutar la música en los instrumentos, es abundantísima y de una increíble variedad, no en vano procedía de disciplinas tan diversas como la física, la matemática, la acústica, la historia, la musicología, la antropología, la etnografía o la sociología.
En cualquier caso, el instrumento musical acompañó la vida cotidiana del individuo, marcando especialmente sus relaciones con quienes le rodeaban, con la naturaleza o con un ser superior. La imaginación y la leyenda se unieron para crear hermosos relatos acerca del nacimiento de los instrumentos musicales en manos de dioses o de su perfeccionamiento por héroes o seres mitológicos. Todas esas narraciones, escritas o de viva voz, pasaron de unas generaciones a otras inspirando la creación artística y la materialización de sueños durante siglos. La fabricación más o menos perfeccionada y el uso diverso motivaron la aparición de instrumentos que, o bien repetían incansablemente modelos funcionales o por el contrario buscaban una mejora con la incorporación de nuevas técnicas y mejores materiales. De este modo surgió una división entre instrumentos populares o tradicionales e instrumentos históricos o cultos, división más teórica que real pues ambas modalidades se copiaban constantemente características o compartían funcionalidad.
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Los instrumentos musicales que utiliza La
Esteva
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Dulzaina
Instrumento aerófono, formado por un tubo cónico, generalmente de madera, dentro del cual se insufla aire a través de una pipa de doble caña. Dicha pipa está encajada en el extremo más estrecho del tubo gracias a una pieza metálica denominada tudel. La dulzaina tiene siete orificios más el de la octava (a veces dos más que se llaman oídos y que no modifican el sonido) y a partir de la introducción de las llaves en su construcción por Ángel Velasco a fines del siglo XIX, incorpora un número determinado de ellas según cada constructor o la habilidad del intérprete (entre 1 y 17).
Este instrumento, con diferentes nombres, se toca en muchos países del mundo y en casi toda la Península Ibérica. En cualquier caso su llegada a nuestro país parece producirse durante la Edad Media tanto si viene desde el centro del continente europeo -con los músicos que se incorporaban a las capillas cortesanas- como si llega de África, donde todavía hoy día se sigue utilizando con el nombre de Algaita. En muchas regiones peninsulares (Rioja, Aragón, parte de Castilla y León) continúa llamándose gaita. La palabra charambita que se utiliza en Castilla es obviamente una degeneración de chirimía, instrumento más largo pero también de doble lengüeta. Donçaina y dulzaina se llama en Valencia y parte de Castilla y León, denominándose gralla en Cataluña y chambela en el País Vasco.
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Caja
Cilindro de madera o metal cuyas bocas están recubiertas por parches de piel. Uno de esos parches (el inferior) tiene unos bordones o cuerdas (de metal o tripa) que recorren diametralmente la piel de un lado al otro del aro, sujetos entre una pieza fija y una palomilla que sirve para tensarlos. También con palomillas y varillas -entre cinco y ocho- se tensan los parches (anteriormente se hacía con cuerdas) apretando los hierros o las maderas que los abrazan. El parche mide entre 30 y 35 cm. La piel se golpea con dos baquetas y el instrumento se lleva colgado a la cintura con un cinto, inclinándolo ligeramente para facilitar la percusión.
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Bombo
Bastidor cilíndrico de madera o metal con dos parches en sus extremos. Su tamaño oscila según las épocas, pero lo normal está entre 50 y 60 cm de diámetro y unos 25 a 30 de altura. Como en el caso de otros tambores, desde el siglo XVIII las palomillas metálicas vinieron a sustituir a los tirantes de cuerda y cuero. Se golpea, generalmente, en uno de los parches con una maza recubierta de piel, sujetándose el instrumento con una correa. Algunos combinaban el sonido del parche con el de unos platillos que iban sobre la parte superior del bastidor. Los golpes de acompañamiento suelen coincidir con las partes fuertes del compás.
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Guitarra
Instrumento musical de la familia de los cordófonos, de seis cuerdas, tendidas a lo largo de un mástil y de una caja plana en forma de ocho, que se tensan entre un clavijero y un cordal que va encolado en la parte más ancha de la caja. De la primitiva guitarra, con caja excavada en un tronco de madera y cuatro cuerdas, se evolucionó, por sucesivos pasos a la forma y encordado actuales. Las tres cuerdas agudas son normalmente de tripa o nailon; las otras de metal entorchado y nailon. Los dedos de la mano izquierda del intérprete presionan las cuerdas en el traste adecuado para producir las notas deseadas, los de la derecha pulsan las cuerdas.
Instrumentos como la guitarra existen desde tiempos antiguos, pero la primera referencia escrita a ella data del siglo XIV. Se desarrolló probablemente en España, donde en el siglo XVI fue el equivalente en las clases bajas y medias de la aristocrática vihuela, instrumento de similar forma y origen, con seis cuerdas dobles. A mediados del siglo XVIII la guitarra adopta su forma moderna, cuando las cuerdas se hacen sencillas y se añade una sexta cuerda por encima de las otras. Las viejas clavijas de madera fueron reemplazadas por tornillos metálicos.
Como instrumento de música clásica, la guitarra adquirió importancia gracias a la obra de compositores como Fernando Sor, y el también español Francisco Tárrega. El excepcional guitarrista Andrés Segovia llevó su música por todo el mundo. Han escrito obras para este instrumento compositores como Manuel de Falla, Joaquín Turina, Joaquín Rodrigo (autor del famoso Concierto de Aranjuez), Albert Roussel, Alexander Tausman, Mario Castelnuovo-Tedesco y los latinoamericanos Manuel M. Ponce, Heitor Villa-Lobos y Leo Brouwer.
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Guitarra Bajo
Instrumento de aspecto semejante al de la guitarra, aunque con un mástil más largo y una caja de resonancia más grande y profunda. Posee el registro más grave de los cordófonos de la orquesta, y sólo tiene 4 cuerdas entorchadas, que posibilitan que adopte la tesitura de bajo.
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Bandurria
Instrumento dotado de una caja acústica plana, en forma de pera, un mástil y una cabeza en la que va un clavijero con seis cuerdas dobles (6 de tripa y 6 entorchadas) que suelen puntearse con un plectro o púa casi siempre entre la boca o tarraja (abertura de forma circular u oblonga practicada en la tapa superior) y el puente. Este está situado entre la boca y el cordal y sobre él reposan las cuerdas en la parte inferior, haciéndolo sobre la cejuela en la superior para repartir la tensión. Es muy parecido al laúd o a la cítara aunque más pequeño, y, por la forma plana de su caja, se asemeja también a la guitarra. La técnica de interpretación de la bandurria es idéntica a la del laúd, aunque de tesitura aguda (una octava por encima del laúd) y sus cuerdas están afinadas por cuartas.
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Laúd
Instrumento de cuerda similar a la guitarra, compuesto por una caja plana de madera en forma de pera, un mástil y una cabeza en la que un clavijero agrupa doce cuerdas dispuestas en seis órdenes. El diapasón que va a lo largo del mástil tiene 18 trastes. El intérprete pulsa las cuerdas con una púa o plectro a la altura media entre las efes, abiertas en la tapa superior armónica, y el puente. Éste, situado entre dichas efes y el cordal, es una pieza de marfil o similar en la que reposan las cuerdas en la parte inferior, haciéndolo en la superior sobre la cejuela antes de llegar a la clavija correspondiente con al que se afinan. Las cuerdas se pulsan con la púa que sujeta el intérprete con la mano derecha.
En Mesopotamia hacia el 2000 a. C. se conocieron laúdes de cuerpo poco profundo y mástil largo. Fue un instrumento muy utilizado entre los siglos XIV y XVIII y que ha resurgido en el siglo XX. El laúd se introdujo en la Europa medieval desde la cultura árabe como instrumento de púa, con cuatro pares de cuerdas. Su antecedente fue el 'ud, típico de los Balcanes. Hacia el 1600 se construyeron laúdes más grandes con mayor número y longitud de cuerdas; se incluye aquí la tiorba, el chitarrone y el archilaúd. Ejemplos modernos incluyen el bouzouki griego y el samisen japonés.
El nuevo laúd español se crea en el siglo XIX, utilizando el nombre de este instrumento histórico que había caído en desuso, para designar en realidad a un tipo de bandurria grande que formaba con ella familia y de la que sólo se diferenciaba en el mayor tamaño y, a veces, en las efes que adornaban la tapa armónica en vez de la tradicional tarraja o abertura de la bandurria.
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Pandereta
Instrumento de percusión, membranófono, con un solo parche y sonajas dobles en forma de disco (rizado o alabeado), situadas a intervalos regulares alrededor de un aro de madera. Puede ser sacudida para producir un sonido continuo de entrechoque, frotada con el pulgar, lo que hace que las sonajas se entrechoquen más suavemente, o golpeada con los nudillos para producir un sonido parecido al del tambor. Su origen es muy antiguo y está extendida por todo el mundo. Se utiliza para crear los característicos efectos rítmicos propios de la música española.
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Almirez
Sin ser un instrumento musical, es un idiófono percutido que golpeado rítmicamente en el fondo y los laterales. Se utiliza para acompañar el canto en reuniones improvisadas. Es un ejemplo de adaptación de útiles caseros o de trabajo a usos musicales. De igual manera se han utilizado desde siempre sartenes, calderos, tapaderas, llaves, guadañas, azadas y un largo etcétera, en definitiva, todo lo que consiguiera hacer ruido y se tuviera a mano, sin tener que gastar dinero -que no había- en instrumentos.
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Mortero
Es el mismo instrumento anterior, pero de madera. De la misma forma, golpeando rítmicamente en el fondo y los laterales, se utiliza para acompañar el canto en reuniones improvisadas. Tiene un sonido más sordo que el metálico. En Extremadura se utilizaba un pequeño ejemplar llamado "morteruelo", que se tocaba invertido, con la boca hacia la palma de la mano y golpeando el fondo.
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Botella
Es otro instrumento casero. En este caso se trata de un idiófono frotado. El sonido, rítmico y brillante, se consigue frotando una botella labrada (normalmente de anís, en Segovia, Anis la Castellana) con una llave o el mango de un tenedor, cuchara o cuchillo. No servía cualquier tipo de botella labrada, sólo las de "caramelos", en referencia a la forma cuadrada del labrado. Se usa de acompañamiento a rondas y bailes y al canto, alcanzando gran popularidad en diversos grupos folklóricos. Se utiliza en toda España, siendo más raro encontrarlo en Portugal.
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Conchas
Se trata de un idiófono frotado. El sonido se produce al frotar una concha contra la otra por su parte convexa, chocando entre sí las estrías de estas. Muy utilizado en la zona noroeste de la península (Galicia) como instrumento de percusión, sobre todo en zonas cercanas al litoral. Curiosamente aparece también este instrumento en regiones sin costa, como es el caso de la comarca de Aliste, en Zamora, donde son muy utilizadas acompañando a la voz para cantar los "charros" junto a la pandereta.
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Huesera o Arrabel
Instrumento formado por una serie de ocho a catorce huesos de cordero, enlazados en sus extremos por un cordel o un alambre, que se cuelgan al cuello o se colocan sobre el pecho, en forma de escalera. Con un palo o una castañuela sujeta con la mano derecha, se va rascando arriba y debajo de esa escalera, produciendo el ritmo deseado. En algunos lugares se hace de madera o de cañas (este último se denomina, en Tierra de Campos, escalinata), pero normalmente se hace de huesos, lo que motiva que en muchas regiones donde se toca se le conozca como huesera o bandurria de huesos (Cataluña).
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Palillos o Tejoletas
Son dos tablillas iguales (no más largas de una cuarta ni más anchas de dos pulgadas) que, colocadas entre los dedos y chocadas entre sí mediante un movimiento de muñeca, producen un tableteo para acompañar cualquier tipo de ritmo. Tienen formas y figuras distintas según la tradición de cada lugar o el capricho del fabricante, aunque suelen predominar las antropomorfas. A veces se utilizaban hasta tres en cada mano para dar más fuerza al repiqueteo. Palillos se llama a los que están hechos de madera, y tarrañuelas, tarreñas, tejuelas o tejoletas a los que están construidos en piedra plana, barro cocido o en loza.
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Castañuelas
Son dos tablitas cóncavas, generalmente de pequeño tamaño y sujetas con un cordón, que se manejan con una mano. Suelen fabricarse por parejas, llamándose, desde el siglo XVIII, macho al par que se toca con la mano izquierda y hembra al par que se lleva en la derecha. Algunas, por sus grandes dimensiones, se tocan sosteniéndolas bajo la cavidad de la mano; generalmente, sin embargo, se atan al dedo corazón o al pulgar. Casi siempre fue instrumento utilizado por danzantes, ya fuera en los bailes del medio rural o para las danzas escénicas donde se solían llamar castañetas, y, a partir del siglo XVIII, palillos.
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